Cazadores-Recolectores complejos y los orÃgenes del NeolÃtico en el Próximo Oriente
De EstudiaHistoria
Las sociedades mesolÃticas mantendrÃan sus prácticas cazadoras-recolectoras junto con una incipiente domesticación tanto de plantas como de animales; las pautas de movilidad durante el [[Kebariense?]] muestran que los grupos se desplazaban por zonas amplias en busca de caza y recolección.
Durante el 18.000 - 15.000 BP, en Siria, Palestina, LÃbano e Israel se establecerÃan pequeños campamentos estacionales en la costa y el interior. existe todo un instrumental especializado en el trabajo sobre los vegetales fabricado en silex y madera que servirÃa tanto para cortar el vegetal como para molerlo (molinos y morteros de piedra).
La reducción de la lÃnea de costa entre el 14.000 y el 13.000 a.C. provocó la fragmentación de la población, lo cual se tradujo en una expansión a nuevas áreas en las que trabajaban más lo cereales, que permitÃan sostener a la población y adaptarse a nuevos sistemas ambientales. La reducción de la hambruna también condujo a una mayor presión de población y mayor necesidad y dependencia de los cereales y leguminosas.
Con el Natufiense, del 13.000 al 10.000 a.C. los cazadores-recolectores se especializan en ciertos recursos reduciendo aún más su movilidad. Asà vemos cómo van siendo mayores y más frecuentes los campamentos con estructuras de almacenamiento (identificadas como tales en base a trabajos arqueológicos y al estudio de la microfauna parasitaria que se aprovecha de las cosechas recogidas).
Todo esto refleja un sedentarismo que, aún sin ser completo, empieza a ser semejante a lo que más tarde acontecerá. Los silos y las necrópolis son un buen signo de los principios sedentarios de los que hablamos, se erigirÃan como garantes de los derechos de explotación de un territorio. Tanto los silos, que simbolizan la recolección de cosechas, como las necrópolis que representan la tradición ancestral, marcan una división del territorio entre grupos que lo controlan.
Estos asentamientos natufienses se encontrarÃan hacia el interior, en torno a la cuenca del rÃo Jordán, en las llanuras que éste inundaba durante sus crecidas.
La subida del nivel del mar provocó una gran pérdida de territorio en esta franja costera lo que indudablemente provocó un estrés poblacional al que tuvieron que enfrentarse los diferentes grupos humanos adoptando alguna estrategia como dividirse en grupos más pequeños o comenzar a utilizar otros recursos. Esta última estrategia es la que conduce a la domesticación de las plantas, un recurso que ya reunÃa una serie de caracterÃsticas significativas:
- accesibilidad.
- facilidad de recolección.
- predecibilidad: madura en una época determinada.
- es almacenable.
Arqueológicamente este proceso se detecta gracias a diferentes factores:
- presencia de roedores huéspedes de los humanos, que es indicio de silos de almacenamiento y asentamientos prolongados.
- a través de las necrópolis, se detecta la presencia de oligoelementos en el tejido óseo y una alta cantidad de estroncio que manifiesta la ingesta de recursos vegetales.
- una tendencia a la especialización en una presa: cuanto más sedentarios, las pautas de movilidad se reducen y la caza se centra en aquellas presas con menos radio de movilidad.
- evidencias de prácticas previas a la domesticación de animales.
En el yacimiento de Salibiya I, un análisis de fauna reveló la presencia de todas las cohortes de edad del rebaño, lo que no es tÃpico de una fauna cazada en la que se tratan de descartar hembras y jóvenes. Sólo se darÃa esta presencia si se efectuaran batidas en masa, pero esto entra en contradicción con uno de los principios básicos del cazador, qeu sólo caza lo que se come, puede compartir o conservar. Entre las técnicas de conservación se encuentran el secado o el ahumado, pero también la conservación de rebaños en vivo, una práctica previa a la domesticación que lleva a aislar determinadas condiciones genéticas que interesan y, a medio plazo, a la consecución de nuevas especies. Cuanto más sedentarios se vuelven, más dependen de tener rebaños en vivo. Es asà como la domesticación de las plantas lleva a la domesticación de los animales, de algunos animales ya que no todas las especies son susceptibles de domesticación: especies agresivas o muy solitarias.
En estos sitios sedentarios natufienses (13.000 - 10.000 BP?) hay evidencias de intentos de domesticación de animales y plantas. Uno de los indicios de que podrÃan plantar cereales silvestres es la frecuencia de hoces en estos yacimientos (un armazón de madera con dientes de sÃlex pegados con betún). Recogiendo con la hoz la espiga entera hay más facilidad de que los granos maduros que se adhieren a la espiga (raquis resistente) sean los que lleguen a casa y se planten; se trata de un aislamiento gradual de caracterÃsticas genéticas.
Hacia el 11.000 BP? podrÃan estar sembrando gramÃneas silvestres donde no crecÃan, en el Younger Dryas (último perÃodo frÃo) las condiciones reducirÃan el área de expansión del bosque mediterraneo y las gramÃneas, lo que favorecerÃa que algunos grupos colaboraran con la naturaleza plantando ese recursos que se venÃa utilizando.
Los cereales seguramente no se domesticaron únicamente en el Próximo Oriente, esta aparente exclusividad se deberÃa más a un problema de visibilidad de los yacimientos y a la carencia de estudios más exhaustivos de determinadas zonas.
Sà se sabe dónde se documentan los animales domésticos más antiguos, en las zonas montañosas. En la falla del Mar Muerto, zona esteparia, se cazarÃa la gacela y el antÃlope, pero éstos no son domesticables; es el los Zagros, donde se cazarÃa la oveja y la cabra, donde se encuentran las primeras evidencias de domesticación en Shanidar (cabra) y Jarmo (oveja) en torno al décimo milenio. Son zonas montañosas donde la extensión de gramÃneas es menor.




