De las tribus anónimas a los pueblos prerromanos documentados textualmente
De EstudiaHistoria
El comienzo de la Segunda Edad del Hierro en Centroeuropa está marcado por la reorientación de las rutas comerciales que conducÃan a la colonia de Masalia que, a partir de este momento, sufrirán un declive en beneficio de las rutas que conducen directamente a través de los Alpes hasta el territorio de las ciudades etrurias. Este fenómeno tiene como consecuencia el declive de la colonia de Masalia y de las jefaturas centroeuropeas del Hallstatt, pero supone asimismo el surgimiento de las jefaturas Centroeuropeas en la zona de Salzburgo, las cuales constituyen sociedades de similar nivel de complejidad, pero mucho más móviles y basadas en la ganaderÃa. Estas sociedades se conocen como la cultura de la Tene y son identificadas con los celtas.
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Los celtas. La cultura de la Tene
Durante el s.IV a.C., en numerosas fuentes, se nos habla de jóvenes guerreros celtas que, en ocasiones, atacan ciudades del Mediterráneo:
- Roma en 387a.C. por los galos,
- asalto al santuario de Delfos en 279 a.C. por los Gálatas,
- asentamiento de los gálatas en Ankara hacia el 270 a.C.,
- derrota en 190 a.C. como mercenarios de los reyes Seleúcidas en Magnesia,
- San Jerónimo, en el s.IV d.C., nos refiere la presencia de gálatas en Asia Menor que hablan una lengua similar aa los de Tréveris.
Expansión de las lenguas celtas
Modelo lingüÃstico
En las fuentes referidas anteriormente se ha basado el modelo lingüÃstico de invasiones celtas que, presuntamente, explica que en muchas zonas de Europa se hablen lenguas de la familia celta. Del área nuclear celta habrÃan partido invasiones hacia diferentes lugares que habrÃan impuesto las lenguas celtas en regiones insulares como Gran bretaña o Irlanda; o bien los gálatas en Anatolia, los tracios, los celtÃberos (cuando éstos empiezan a escribir con el alfabeto romano lo hacen en lengua de la familia celta),... De estas invasiones hay documentación escrita, si bien, no siempre se habla de invasiones numerosas que puedan justificar un cambio cultural.
Modelo arqueológico
Hoy dÃa pocos aceptan estos modelos. Que los galos presionaran en sus fronteras o hubiera incursiones no quiere decir que se produjeran grandes invasiones. Hoy los arqueólogos ven continuidad en las culturas y prefieren hablar de esos movimientos celtas como fenómenos esporádicos propios de jefaturas que no llegan a cuajar en lugares donde se produce excedente de población[1]. De hecho, las fuentes hablan de dos motivos de estas invasiones: la presión demográfica y el hambre de riqueza.
Dentro de las lenguas celtas hay muchas variantes y resulta un problema muy complejo tanto de documentar como de explicar; como muestra apuntamos que el celtÃbero tiene rasgos más antiguos que el celta o que el celta-lusitano es más próximo a la raÃz indoeuropea; el celta de Gran Bretaña es más cercano al galo y el irlandés más próximo al celtÃbero.
Fuentes documentales
Las fuentes que nos hablan sobre los celtas son diversas y confusas. Se manejas tres principalmente:
- textos propios: sólo llegaron a escribir los galos del sur de la Galia y muy tardÃamente.
- historiadores de la conquista: Heródoto, Estrabón, Tácito, Posidonio, César,... escriben del lado del conquistador y, sobre todo, desde su punto de vista; lo cual supone muchÃsimos prejuicios y una gran dificultad para diferenciar unos grupos de otros.
- ciclo de Ulster: es un conjunto de textos irlandeses escrito en gaélico hacia el s.IX-XI d.C. Los lingüÃstas han considerado que esos cuentos recogen tradiciones orales de la Edad del Hierro aunque muchos investigadores rechaza la idea de que esos textos puedan retrotraerse más allá de la Edad Media.
Actualmente estamos muy influenciados por las corrientes del s.XVIII (identificación entre lengua, raza y cultura) y por la distorsión introducida por las visiones románticas y la creación de un pasado nacional; aunque no hay que desechar en estas influencias tampoco la reciente corriente esotérica.
CaracterÃsticas
Lo que sà sabemos es que, al contrario de lo visto en la Edad del Hierro el poblamiento correspondiente a la Tene es más disperso y de menor tamaño y sólo a partir del s.IV-III a.C. empiezan a aparecer algunos poblados que centralizan un territorio, sobre todo en torno a minas de sal. De estos pueblos, por tanto, se conoce mucho más a través de sus enterramientos.
Sólo a mediados del s.II a.C. surgen los precedentes de las ciudades que los romanos llamaron oppida, especialmente en el sur de la Galia y el Rhin por la presencia de un comercio Mediterráneo y la creciente importancia de Roma. La cercanÃa fÃsica latina produce cambios como la aparición de los oppida y su fortificación mediante murallas de piedra y tierra[2].
Los oppida son centros que jerarquizan un territorio y centralizan procesos artesanales; como dice César, ciertos oppida constituyen la capital de una tribu que controla un territorio y son la sede de una casta aristocrática y religiosa (en la cual están los druidas).
Con la presencia y la conquista romana entraremos en una nueva etapa de la historia que se conoce como romanización.
Referencias
- ↑ Estos movimientos serÃan muy tÃpicos de sociedades ganaderas en las que la herencia pasa indivisible al hijo mayor y el resto tiene que buscarse su propio botÃn y fortuna mediante razzias y saqueos (Collis y Nash).
- ↑ El cónsul Mario será el que decida llevar la guerra contra los galos a sus propios territorios.




